domingo, 18 de abril de 2010

sábado, 17 de abril de 2010

83 años de vida y 5 años de Papa




Cinco años de Papa
¿Qué puede hacer un hombre que empieza a ser Papa a los 78 años?
Si miramos algunos momentos de estos cinco años, podemos reconocer que se puede hacer, y se ha hecho, mucho en el mundo de lo visible y cuantificable

Autor: P. Fernando Pascual Fuente: Catholic.net

El 16 de abril de 2005 acababa de cumplir 78 años. El cardenal Joseph Ratzinger tenía ante sus ojos la apertura inminente del cónclave. A los tres días, el 19 de abril, era elegido Papa, el 264 sucesor del apóstol san Pedro.
Iniciaba una nueva etapa en su vida.Han pasado, desde entonces, cinco años. Más de uno habrá pensado, en aquel día de abril de 2005: ¿qué puede hacer un hombre que empieza a ser Papa a los 78 años? Si miramos algunos momentos de estos cinco años, podemos reconocer que se puede hacer, y se ha hecho, mucho en el mundo de lo visible y cuantificable. Lo invisible, lo más profundo, lo que llega a los corazones, sólo lo conoce Dios.
Benedicto XVI ha asumido, desde el inicio de su trabajo como Papa, el mensaje íntegro del Concilio Vaticano II, como explicó a los cardenales que lo habían elegido. Ha buscado defenderlo de interpretaciones erróneas. Ha tendido la mano a quienes, como los seguidores del obispo Lefebvre, no lo habían comprendido. Ha buscado aplicarlo de modo correcto y profundo en puntos no siempre bien interpretados.
En estos cinco años el Papa nos ha regalado tres encíclicas. La primera (Deus caritas est), firmada en diciembre de 2005 y publicada a inicios de 2006, está dedicada al tema del amor. La segunda (Spe salvi), dada a luz a finales de 2007, trata de la esperanza. La tercera (Caritas in veritate), de 2009, analiza y aplica la doctrina social de la Iglesia para el contexto que ahora vive el mundo globalizado.
En estos cinco años Benedicto XVI ha presidido tres Sínodos de los obispos. Uno dedicado a la Eucaristía (en 2005); otro a la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia (en 2008); y otro, especial, para África (en 2009).


En estos cinco años ha realizado importantes viajes fuera de Italia: a Brasil (en 2007), para dar inicio a los trabajos de la Conferencia general del episcopado latinoamericano. A dos países de África, Camerún y Angola (en 2009), en parte como preparación para el Sínodo de los obispos dedicado a ese continente que tendría lugar en Roma en octubre de ese mismo año. A varios países de Europa: Alemania (en los años 2005 y 2006), España (2006), Polonia (2006), Austria (2007), Francia (2008), República Checa (2009).Viajó a Turquía, tras las huellas de san Pablo, en 2006. También visitó los Estados Unidos de América y dirigió un importante discurso a las Naciones Unidas (en abril de 2008). Llegó hasta las lejanas tierras de Australia, para la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney (2008). Y visitó, como lo habían hecho Pablo VI y Juan Pablo II, Tierra Santa (mayo de 2009).La agenda de viajes internacionales para el año 2010 no se presenta vacía: al Papa lo esperan en Malta (abril), Fátima (mayo), Chipre (junio), Gran Bretaña (septiembre) y España (noviembre).Sin poder llegar físicamente, el Papa ha llevado muy cerca de su corazón a los católicos en China, a los que envió una importante carta el 27 de mayo de 2007.
Italia también ha sido objeto de 17 viajes del Vicario de Cristo. En la diócesis de Roma el Papa se ha hecho presente en varias parroquias, con el deseo de contactar directamente con los párrocos y los fieles de la Ciudad Eterna.En estos cinco años Benedicto XVI ha acogido a centenares de obispos de todo el mundo. Llegados a Roma para la visita que hacen, cada cinco años, al Sucesor de Pedro, o por otros motivos, encontraron en el Papa a un hermano en el episcopado y a un servidor incansable del Evangelio.

En estos cinco años ha lanzado iniciativas para avivar la vida de la Iglesia. En el año 2008 inauguró un Año paulino, para recordar el bicentenario del nacimiento de san Pablo. De junio de 2009 a junio de 2010 ha invitado a los sacerdotes y a los fieles de todo el mundo a un Año sacerdotal, tras cumplirse 150 años de la muerte del cura de Ars.En estos cinco años ha dirigido su palabra, casi sin interrupción, en centenares de audiencias generales de los miércoles en el Vaticano. En ellas, acogió y concluyó un ciclo temático dedicado a los Salmos, que había sido iniciado por Juan Pablo II en sus últimos años de Papa. Luego, empezó una serie de catequesis sobre los apóstoles y los discípulos más cercanos al Señor, sobre la Iglesia primitiva, sobre los Santos Padres y sobre los santos y hombres de fe más representativos a lo largo de los siglos. Durante estas catequesis insertó un ciclo sobre san Pablo (2008-2009), y varias audiencias estuvieron dedicadas al Año sacerdotal o a diversos acontecimientos de la Iglesia.En estos cinco años, Benedicto XVI ha promovido la vida litúrgica, especialmente la centralidad de la Eucaristía. Tienen una importancia especial dos documentos: la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis (publicada en 2007); y el Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la Liturgia romana anterior a la Reforma de 1970 (también publicado en 2007). Ha habido otras medidas concretas, como la petición de una más fiel traducción de las palabras consacratorias de la Misa. Estas intervenciones buscan rescatar el genuino sentido de la liturgia y revitalizar el rito romano de la Misa usado hasta las reformas del Concilio Vaticano II.No podemos olvidar tantas homilías en las que Benedicto XVI, con un profundo sentido espiritual, ha querido ilustrar signos y aspectos que forman parte de la liturgia de la Iglesia y que merecen ser vividos de modo consciente y en un clima de fe orante.En estos cinco años el Papa ha dado pasos concretos en el diálogo ecuménico y ha tomado disposiciones para acoger a grupos importantes de la iglesia anglicana que deseaban volver a la plena comunión con la Iglesia católica (especialmente con la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, publicada en 2009).
En estos cinco años se ha promovido el diálogo interreligioso, con momentos de mayor visibilidad durante las ya recordadas visitas a Turquía (2006) y a Tierra Santa (2009), y en la histórica presencia de Benedicto XVI en la Sinagoga de Roma (en enero de 2010).En estos cinco años ha podido continuar su trabajo como teólogo al dar forma concreta a un sueño que llevaba en su corazón antes de ser elegido Papa: escribir un libro sobre Jesucristo. La obra, con el título Jesús de Nazaret, fue publicada en abril de 2007, y encontrará su coronación con un segundo volumen que se espera salga a la luz durante el año 2010.Se podrían comentar tantos otros aspectos eclesiales, culturales, teológicos, filosóficos, y simplemente humanos, de los cinco años que han marcado el corazón y la vida de la Iglesia desde los gestos y las palabras de un Papa, Benedicto XVI, que fue elegido con 78 años, y que ha sabido trabajar, sencillamente, con la mirada fija en quien un día le llamó y le dijo: “Sígueme”.
Hoy sigue en la barca del Pescador, en la Cátedra de Pedro. Por su persona, por su misión, por sus proyectos, millones de católicos elevan una oración agradecida y una súplica confiada a Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, con la intercesión de la Virgen Santísima y de los Santos, según el deseo que el mismo Benedicto XVI formulaba el 19 de abril de 2005, cuando dirigió desde el balcón central de la Basílica de San Pedro sus primeras palabras como Obispo de Roma:“Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor.
Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante.
El Señor nos ayudará y María, su santísima Madre, estará a nuestro lado. ¡Gracias!”

¡Muchas gracias a Ud., Santo Padre!

viernes, 16 de abril de 2010


El pasado fin de semana en la disco de nuestra localidad ha sucedido un hecho muy confuso en la que estuvo involucrada una menor de 15 años.

Pero con sorpresa nadie habló del tema.

En el hecho estuvieron involucrados los dueños del local, la policía, el Hospital, la familia.

Pero por aquí no pasó nada.


Aquellos nos decían, "el silencio es salud",

pero por aquí el silencio es muerte

jueves, 15 de abril de 2010


Nuevos Horarios de Misa


Sábados

17:30 Hs. Capilla Santa Rosa y Capilla San Antonio

19:30 Hs. Parroquia


Domingos

08:00 (En la Capilla que corresponde)

10:00 y 20:00 Parroquia


Lunes

18:30 Parroquia


Martes

17:00 Capilla Santa Teresita

18:30 Parroquia


Miércoles

17:00 Capilla San José

18:30 Parroquia


Jueves

17:00 Capilla San Rosque

18:30 Parroquia


Viernes

17:00 Capilla Sagrado Corazón

18:30 Parroquia

viernes, 2 de abril de 2010

VIERNES SANTO


El día de hoy y el de mañana, por una antiquísima tradición, la Iglesia omite por completo la celebración del sacrificio eucarístico.

El altar deber estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros, sin manteles.

Después del mediodía, alrededor de las tres, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más avanzada, se celebra la Pasión del Señor, que consta de tres partes: Liturgia de la Palabra, Adoración de la Cruz y Sagrada Comunión.

Lectura del libro del profeta Isaías 52, 13-15; 53, 1-12 El fue traspasado por nuestros crímenes
Segunda Lectura: Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9 Aprendió a obedecer y se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-40; 19, 1-42

En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la celebración de la Pasión del Señor.
Crucifixión de JesúsSe terminó la cena en que el Señor Jesús instituyó la Santísima Eucaristía y era ya entrada la noche. Desde este momento hasta las tres de la tarde del día siguiente llevó a cabo el Señor la grande obra de nuestra Redención con sus grandísimos sufrimientos, esto es, su santísima Pasión.


Dice el Sagrado Evangelio que terminado el himno se dirigió Jesús con sus Apóstoles al huerto en donde tuvo aquella profundísima oración para que aprendiésemos nosotros la manera de hacerla, y así te puedes preguntar, ¿cómo hago yo la oración? ¿La he descuidado alguna vez? ¿mi oración es como la de Jesús confiada, humilde y perseverante?


A la oración del huerto siguió la traición de Judas, después el Señor fue preso como un facineroso. Es llevado por diversos tribunales lloviendo sobre su Divina Persona acusaciones falsas y por lo mismo sin fundamento alguno. Él, que es la misma inocencia es condenado a los azotes y a la coronación de espinas. Piensa, corazón mío, que con el pecado has hecho traición al mejor amigo que es Jesús, tus faltas, alma mía, han sido los azotes que han abierto sus sagradas venas y tus pensamientos frívolos y pecaminosos las espinas que lo han atormentado. ¿No sientes en tu corazón pena por haber correspondido con tanta ingratitud? Si no puedes otra cosa llora a los pies de Jesús el tener un corazón tan insensible a su Amor.


El procurador romano Poncio Pilato da, por cobardía, sentencia de muerte contra Jesús. Seguidamente le cargan aquella pesada y dolorosa Cruz que representa el peso de nuestros pecados y sigue penosamente aquella Vía Sacra o Vía Crucis, Camino Sagrado o Camino de la Cruz, camino que se dignó santificar con su paso subiendo aquella pendiente hasta llegar a la cumbre del Calvario, en donde desnudado de sus vestiduras, es extendido en la Cruz, siendo sus pies y manos taladrados con durísimos clavos. Por fin, levantando en alto, mira cómo de las heridas de sus pies y manos manan abundantes aquellas fuentes de Sangre Redentora que salta de la Cruz para lavar nuestra alma de las manchas del pecado. Ríndete a sus pies y con corazón contrito y humillado dígale con el Profeta David «Rocíame, Señor, con tu sangre y seré limpio, lávame con Ella, y quedaré más blanco que la nieve».


De los labios del Divino Maestro brotan siete misteriosas palabras dignas todas de ser meditadas, pero en particular recuerda aquella con que nos da a María por Madre. En virtud de esta donación todos nosotros somos hijos de María, de manera que bien podemos decir con San Estanislao de Kotska, «La Madre de Dios es mi Madre», y ahora di, si tú eres hijo de María ¿tus obras son dignas de tal Madre? ¿Amas de veras a María? ¿Le rezas por mañana y por la noche? ¿Te esfuerzas en imitar las virtudes de tan excelsa Señora?


Por fin mira a Jesús en el estertor de la agonía y que haciendo un supremo esfuerzo, con voz clamorosa, dice: «Consummatum est» todo está acabado, todo se ha cumplido, e inclinando la cabeza expiró. Al momento toda la naturaleza muestra su sentimiento, el sol se eclipsa, la luna se tiñe de sangre, aparecen las estrellas, se parten las peñas, se abren los sepulcros, resucitan algunos muertos, el velo del Templo se divide y si, en vista de tanta maravilla, tu corazón no se parte de dolor por haber ofendido tantas veces al Amor llora por tenerlo más duro que el pedernal. Y con razón puedes temer porque el corazón duro lo pasará mal en la hora postrera.
Finalmente, un soldado lanza en ristre, hiéndela en su sagrado pecho y atraviesa su Corazón. Fija en Él tu mirada y contempla el Corazón, que tanto te ha amado, abierto por la lanza y... ¿no llorarás tú de compunción por haberlo tantas veces lacerado con el hierro del pecado? ¡Oh Corazón de mi adorable Redentor! Pésame una y mil veces de haberte ofendido y lloro con lágrimas de sangre mis pasadas iniquidades. ¡Basta de pecados, basta de ingratitudes! ¡Oh, buen Jesús, ten compasión de mí y oye mi súplica! Una gota de esa Sangre que brota de tu Sagrado Corazón caiga sobre mi alma para purificarla, sobre mi corazón para lavarlo y sobre mi mente para iluminarla y ahora permíteme que contrito te rece tres Padrenuestros.

Por la Cruz con que me has redimido, líbrame de los enemigos de mi salvación.
Por la corona de espinas que atormentó vuestras sienes, dadme valor para vencer mis pasiones.
Por la abertura de tu Corazón ábreme, Señor, la puerta de la celestial Jerusalén después de mi muerte para recibir el eterno galardón de la Gloria. Amén.

A los pies de Jesucristo muerto, ante la hermosura afeada, la lumbre oscurecida y la vida muerta, pensemos en las palabras que en el primer Viernes Santo de la Historia pronunció desde la Cátedra divina el Maestro del Cielo. Todas están llenas de misteriosas enseñanzas. Podemos considerarlas en su conjunto, o bien detenernos en alguna por ser más apta para movernos a la enmienda de nuestra vida; tal es aquella con la que manifestaba Jesucristo que tenía sed. No es, como podía parecer, palabra de queja: es palabra de súplica, es un ruego que nos hace nuestro Divino Redentor. Unos momentos antes de expirar, nos llama Jesucristo a todos los hombres al decir: «tengo sed»; sed ansiosa de que todos los hombres vayan a Él para llenarse de sus tesoros celestiales. Unos hoy todavía no lo pueden oír; porque están aún muy lejos.


Son los que esperan que se les enseñe el camino que conduce a la salvación; otros se han alejado del sediento divino, o porque siguen ciegamente sus pasiones o porque no han visto verdadera caridad en los cristianos; otros le han oído, pero no han atendido a su ruego, a pesar de ser ruego de moribundo, y al mismo tiempo ruego de Redentor; y por esto se afanan tanto en adquirir y en retener las cosas vanas de este mundo.
Pues hoy es un día muy apto para volvernos todos a Jesucristo nuestro Maestro, y para prometerle enmendarnos y ayudar a los que viven lejos de la sombra de la Cruz redentora. Acerquémonos a recibir el perdón de los pecados a los pies de Dios, que muere entre dolores, para que nosotros vivamos para siempre entre delicias, y aplaquemos hoy la sed que tiene de nuestra caridad, de nuestra vida austera, de nuestra pureza y de nuestro amor.

jueves, 1 de abril de 2010

JUEVES SANTO


El Convite divino del Amor


Institución de la Eucaristía

Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios 11, 23-26

Cada vez que comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 13, 1-15Los amó hasta el extremo
Muchas veces nos hemos trasladado con el pensamiento y con la imaginación a los parajes y a los tiempos en que vivió Jesucristo en este mundo; pero hoy sentimos esta necesidad con mayor ímpetu. Nuestro corazón y nuestro pensamiento en este día no pueden alejarse del Santo Cenáculo, que quedó perfumado con las palabras eucarísticas que pronunció Jesucristo allí, en la misma noche en que era entregado a la muerte.

En aquel sagrado recinto vemos al Maestro rodeado de sus doce apóstoles, junto a una mesa cubierta con blanco mantel, y le vemos tomar el pan y el cáliz en sus venerables manos sacerdotales para convertirlos en su cuerpo y en su sangre divina.

Jesucristo hoy parece ser Dios, por su poder, por el dominio de su pena interior, por el infinito amor con que responde a la soledad silenciosa de los sagrarios, a los sacrilegios de los blasfemos, y a la tibieza de los malos cristianos que le reciben indiferentes.

Nosotros, ante su rostro transfigurado, ante sus ojos llenos de pesadumbre y ante su Corazón dolorido, adorémosle rendidamente, y supliquémosle que nos aliente con su Eucaristía, para recorrer el camino de la vida; que nos consuele con su Compañía en el Sagrario, y que nos acompañe en el Santo Viático para pasar de este mundo dignamente a nuestra eternidad.

Tanto fue el amor que nos tuvo nuestro adorable Redentor que antes de ir al Padre quiso darnos una prueba del ardentísimo afecto que su Corazón sentía por nosotros instituyendo el augusto Sacramento del Altar que es misterio de amor.

Después de aquella sentida escena del lavatorio de los pies, con que nos quiso manifestar la pureza de alma del que ha de recibirle en este Sacramento, reunidos los doce en aquella mesa, tomó Jesús el pan y levantando los ojos al cielo, lo bendijo diciendo: «Esto es mi cuerpo» y tomando el Cáliz con vino, lo bendijo añadiendo: «Esto es el Cáliz de mi sangre» y distribuyó seguidamente su Cuerpo y Sangre a sus amados discípulos, terminando con estas memorables palabras: «Cuantas veces esto hicierais, hacedlo en mi memoria».

Cabe reflexionar aquí y recordar el amor grande con que estaba abrasado el Corazón de Jesús hacia nosotros quedándose en el Sagrario bajo las especies Sacramentales de pan y vino e instituyendo el Sacerdocio para que cuantas veces el que ha sido legítimamente ordenado Sacerdote, que es representante suyo, dijere aquellas sagradas palabras sobre el pan de trigo y el vino de vid quedara transubstanciado, esto es, las substancias de pan y vino quedan convertidas en su Cuerpo y Sangre Santísimos.

No nos olvidemos, pues, de recibir en día tan memorable el Cuerpo del Señor, si lo permiten nuestras ocupaciones, pero recordemos que el lavatorio de los pies representa la purificación de nuestra alma antes de sentarnos en la mesa Eucarística. Con corazón puro y contrito puedes presentarte a este Sagrado Convite recibiendo con todo fervor y reverencia al Cordero Inmaculado, Cristo Jesús. Ámale tú con toda tu mente y corazón; adórale y ofrécele a servirle en todo momento. ¿Le has recibido siempre en buenas disposiciones? ¿Amas de veras al Amor que tanto te ha amado?

Quiere la Iglesia Santa que recordemos en el día de Jueves Santo este misterio de la Institución de la Divina Eucaristía y prescribe que solemnemente sea colocado este Sacramento en Altares bien adornados para ser visitado y adorado por todo el pueblo fiel concediendo el mismo tiempo indulgencias especiales a los que se dignan visitarle recorriendo los Monumentos. Pero cuida que tus visitas sean fervorosas y devotas, que esto es lo que espera de ti el Amor de los Amores y que te aguarda con los brazos abiertos para abrazarte y bendecirte. ¿Amas al Amor? Y si es así, ¿le amas de veras? ¿te olvidarás de visitar al Amado?
Con todo fervor rézale al Corazón Eucarístico de Jesús tres Padrenuestros y dile con todo el afecto de tu alma:

¡Señor! Por vuestra gran misericordia lavad mi alma de todas sus iniquidades.

¡Señor! Os pido la conversión de tantos Judas que cometen sacrilegios recibiendo vuestro Cuerpo en malas disposiciones.

¡Señor! Para que vuestros Sacerdotes sean cada día más santos, que celen por vuestra gloria y lleven vuestro pueblo por los caminos de la Santidad.



Siete meditaciones para visitar los Monumentos

Oración preparatoria

Dulcísimo Jesús mío Sacramentado, que habiendo amado a los tuyos los amaste hasta el fin, según expresión del Evangelio, dirige una mirada de misericordia sobre mí, pobre pecador, que, movido por los impulsos de tu gracia, vengo a visitar los Monumentos, donde, en el día de hoy y en memoria de la institución de la Eucaristía, Sacramento de tu amor, coloca la Iglesia tan augusto Sacramento, para que sea por los fieles adorado. Concédeme, Señor, que de estas visitas saque yo los frutos apetecidos y la gracia necesaria para que, enamorado de tan augusto Sacramento, manantial de verdadera vida, le reciba siempre, y sobre todo a la hora de la muerte, con las disposiciones debidas para que produzca en mi alma frutos de vida eterna. Amén.

Primera Estación
¡Amabilísimo Jesús, que permitiste a Juan, tu discípulo amado, reclinar la cabeza sobre tu pecho amantísimo, para que aprendiera por los latidos de tu Sacratísimo Corazón el mucho amor que nos tenías!. Concédeme, Señor, que al hospedar en mi pecho al Sacramento augusto, que oculto en este Sagrario he venido hoy a adorar, sienta inflamado mi pobre corazón con las llamas del amor divino, que me purifiquen por completo de mis culpas y satisfagan de algún modo por mi pasada tibieza. Amén.
Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Segunda Estación

¡Divino Maestro de las almas, que al encontrar en la calle de la Amargura a las santas mujeres, que lloraban tu desdichada suerte en la Pasión, les dijiste que llorasen por sí mismas y por sus hijos, enseñándonos a todos con estas palabras cuánto nos conviene llorar nuestros pecados por los cuales tú padecías!.
Dame, Señor, lágrimas inagotables con que lave yo mis muchas faltas, y luz suficiente para que llegue a comprender tus enseñanzas. Amén. Padrenuestro, Ave María, Gloria. Tercera Estación¡Jesús misericordioso, que premias a la Verónica la caridad de que usó contigo, dejando impresa en su manto tu faz divina!. Imprime, Señor, en mi alma la imagen de tu amor, que encerrado se halla en ese Sagrario, donde se oculta a mis miradas la Sagrada Eucaristía, y concédeme que al unirse contigo mi alma, cuando por medio de la Comunión santa te reciba, queden en ella grabadas de tal modo tus perfecciones, que no puedan borrarse de ella mientras viva. Amén.
Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Cuarta Estación.
Bondadosísimo Jesús, que permitiste al Cireneo te ayudase a llevar la Cruz, camino del Calvario!. Tú, Señor, que eres pan de los fuertes, ayúdame a mí, dando fuerza a mi alma por medio del alimento divino de la Eucaristía, que aquí adoro, para poder llevar la pesada cruz de mis pecados hasta la cima del monte de la penitencia, desde donde purificada por completo pueda volar a gozar de tu presencia.

Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Quinta Estación
¡Jesús mío amantísimo, que antes de morir quisiste preparar y fortalecer el corazón de tus Apóstoles, dándoles el alimento divino de tu sagrado Cuerpo y la bebida de tu Sangre preciosísima! Concédeme, Señor, ya que tu bondad y misericordia divina me permiten, aunque indigno, alimentarse de tan celestial maná, el que mi alma adquiera tal virtud y fuerza que sepa rechazar siempre los ataques de sus enemigos y sufrir resignada las penas y contratiempos de esta vida. Amén.

Sexta Estación
¡Benignísimo Jesús, que, con el deseo de permanecer entre nosotros, das facultad a los Sacerdotes para que conviertan el pan en tu Cuerpo, y en tu Sangre el vino!.
Concede luz a los ojos de mi fe para que adore siempre reverente tan consolador Misterio, y agradecimiento a mi alma para que, encendida en tu amor, no te abandone nunca mi memoria en la soledad del Sagrario.
Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Séptima Estación
¡Oh Jesús, encerrado por mi amor en el estrecho recinto del Sagrario!
No permitas, Señor, que mi alma, se disipe saliendo al exterior, sino que, encerrada en los límites de su deber, sepa imitar tu vida oculta de Nazaret; evitando de este modo los mil peligros que el mundo ofrece a los que a él se entregan. Concédeme, Señor, la guarda de mis sentidos para tener siempre pura y tranquila mi conciencia y que mi corazón sea en todo tiempo, y sobre todo a la hora de mi muerte, digno de recibirte y Sagrario agradable a tu amor. Amén.
Padrenuestro, Ave María, Gloria.