domingo, 19 de septiembre de 2010

JESUCRISTO Y LOS JÓVENES


El mes de Septiembre nos habla de una referencia especial con los jóvenes, es el comienzo de la primavera y ellos celebran el día del estudiante. Toda la vida del hombre, en cuanto ser espiritual creado por Dios, presenta deseos de felicidad y plenitud. Esta dimensión tan humana adquiere en la relación de Jesucristo con los jóvenes un rasgo particular. El Evangelio, en cuanto proyecto de vida, es un hoy que no se agota en el presente, sino que tiene horizontes de vida plena que lo hace fuente de plenitud y camino de esperanza.


El encuentro con Jesucristo es, precisamente, el comienzo de este camino. El Evangelio nos presenta esta propuesta a modo de una relación que, sin ser exclusiva, es privilegiada entre Jesucristo y los jóvenes.


Estamos acostumbrados a ver en las imágenes de los primeros discípulos los rostros de hombres maduros, sin embargo eran jóvenes cuando fueron llamados por el Señor. Ellos, en ese encuentro, descubrieron un proyecto de vida que los involucraba. El llamado incluía una misión. No podríamos pensar la obra de Jesucristo sin la presencia de hombres jóvenes, que asumieron un proyecto que comprometía sus vidas. Son muchos los textos del evangelio que nos permiten hacer esta afirmación. Es común citar, al respecto, el primer capítulo del evangelio de san Juan donde se nos muestran los primeros encuentros con Jesucristo. No podríamos pensar el futuro del Evangelio como camino que da sentido a la vida del hombre, sin la presencia de jóvenes que asuman este proyecto. Esto para la Iglesia es una pregunta desafiante. Diría que Jesucristo no sólo se encuentra a gusto con los jóvenes, sino que los necesita para llevar adelante su proyecto. Una Iglesia sin jóvenes, podríamos decir, es una Iglesia sin futuro.


El plantear el Evangelio en términos de camino y de proyecto de vida es lo que hace a Jesucristo alguien cercano a los jóvenes. Además, el contenido de esta Vida Nueva es la que despierta en ellos el entusiasmo para seguirlo; pienso que el joven encuentra una sintonía de sentido, reconoce algo grande que ya estaba esperando. Algo semejante le habría pasado al joven Agustín, luego san Agustín, cuando al encontrarse con Jesús a través del Evangelio le dijo: "Señor, mi corazón estaba inquieto hasta que no te encontró a ti" (Conf). Jesucristo no era alguien ajeno a su vida e ideales, sino el camino y la verdad que esperaba. Cuando este encuentro se da todo cambia, ha encontrado, en el decir del mismo Jesús, el tesoro que da sentido a todo. Por ello es comprensible la respuesta que le da san Pedro a Jesús cuando le pregunta a los discípulos, a dónde quieren ir, y él, en nombre de ellos, responde: "Señor, ¿a quién iremos? Sólo tú tienes palabras de vida eterna" (Jn. 6, 68). Cuánto dolor me causa ver el desconocimiento que muchos jóvenes tienen de Jesucristo. Lo hemos predicado bien, me pregunto? Creo que deberíamos revisar nuestras estructuras, espacios y actitudes.


Queridos jóvenes, uniéndome a la alegría de este día, he querido compartir con ustedes lo que creo es la mejor la noticia que les puedo trasmitir: Jesucristo vino para estar con ustedes y dar sentido a sus vidas. Traten de encontrarlo. Reciban junto a mi afecto y oración, mi bendición de Padre y amigo en el Señor.


Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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